El Mito de El Dorado
Mito de El Dorado no comienza con una ciudad perdida; comienza con una ceremonia. Entre los muiscas, un nuevo zipa era consagrado en la laguna de Guatavita: cubierto de resina y polvo de oro, de pie sobre una balsa de juncos cargada de ofrendas — piezas de oro, incienso… y esmeraldas en bruto arrojadas a las aguas verdes para los dioses.
Mito de El Dorado en la Laguna de Guatavita
Antes de la llegada de los españoles, los muiscas del altiplano celebraban la investidura de un zipa con un rito lacustre: pebeteros, cantos, una balsa repleta de dones y, en el centro, la figura reluciente del cacique. Cuando caía el silencio, las ofrendas —esmeraldas en bruto y orfebrería de oro— se echaban al agua verde. (Lee cómo vivían los muiscas y por qué las esmeraldas eran sagradas para ellos).
Polvo de Oro y Ofrendas de Esmeralda
El oro significaba luz solar y renovación; las esmeraldas hablaban de agua, vida y pureza. Juntas formaban una teología en dos materiales, razón por la cual los intentos posteriores de drenar Guatavita dejaron al descubierto ornamentos de oro y pequeñas esmeraldas en su orla. Para los muiscas, el valor no era solo precio: era relación — personas, lugar y piedra unidos en un acto ritual.
Del Rito al Rumor: Cómo se Difundió el Mito de El Dorado
Los relatos sobre el “hombre dorado” corrieron por los Andes en la década de 1530. Expediciones se lanzaron hacia el altiplano de Bogotá y mucho más allá, persiguiendo el Mito de El Dorado desde el Magdalena hasta el Orinoco y el Amazonas. Nunca hallaron una ciudad de oro. Lo que sí encontraron fueron esmeraldas de El Dorado en comercio y tributo — piedras que desviaron la atención europea hacia el tesoro verde de Colombia.
Drenar la Laguna: Cacerías de Tesoro y Evidencia
En 1580 Antonio de Sepúlveda abrió un canal en el cráter de Guatavita para bajar las aguas. Las cuadrillas descubrieron piezas de oro y pequeñas esmeraldas en el borde expuesto, hasta que derrumbes y resistencia local detuvieron la obra. Un intento británico en 1911 fracasó por la misma razón por la que la naturaleza siempre vence allí: geología inestable. El mayor “tesoro” que quedó fue histórico: la confirmación de que las ofrendas de esmeraldas ocurrieron realmente.
Por Qué las Esmeraldas de El Dorado Siguen Importando
Hoy, la fuerza del Mito de El Dorado radica en cómo une pueblo, paisaje y gema: laguna sagrada, brillo dorado y esmeraldas colombianas arrojadas a lo profundo. Esa imagen alimentó siglos de exploración y situó a Colombia en el corazón del imaginario esmeraldífero. Cuando hablamos de Mito de El Dorado y esmeraldas, nombramos el momento en que un ritual se volvió historia global.



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